Febrero 27 de 2020

Buenos Aires, Argentina

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Volver al futuro, edición Brasil - Por Santiago Rodríguez Rey

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El Politicólogo opinó sobre la situación en Brasil tras la suspensión de Dilma Rousseff.

Brasil vive tiempos en los que las comparaciones con House of Cards se repiten en diarios, revistas y la TV. No importa donde se mire, la cara de Frank Underwood aparece en espejo con Michel Temer, el nuevo presidente en funciones, o Eduardo Cunha, el ex presidente de la cámara de diputados acusado de corrupción.

Es atractivo hacerlo, los misterios de un mundo que se mueve a kilómetros de todo en Brasilia invita a hacerlo. Sin embargo, las comparaciones pueden ser más mundanas, porque no es en Underwood donde habría que buscar el reflejo, quizás en el propio castillo de naipes.

Ayer, Michel Temer y el recién formado gabinete se posicionaron frente a las cámaras del país y el mundo tras la decisión del Senado de continuar con el juicio político y poner en suspenso la presidencia de Dilma Rousseff. En lugar de escuchar “Mis primeras palabras al pueblo brasileño son, confíen en mí”, que fue lo que dijo, parecía decir “Confíen en mí, sé exactamente lo que hago”.

Hasta ahora, esa parece ser la sensación que quiere forzarse en la opinión pública brasileña: “esto ya lo hemos vivido, sabemos qué hacer”, con el fantasma de Collor de Melo sobrevolando el Planalto, pero votando, vivo, en el Congreso.

La referencia constante al proceso que llevó a la renuncia de Collor hace ya casi 25 años encierra una trampa y es la del salto hacia adelante que se produjo en Brasil durante los 90’, la esperanza del crecimiento económico inmediato, como si el cambio del líder pudiera mágicamente devolver al país a la senda del crecimiento que ha abandonado hace ya casi tres años. Entonces, y con la llegada de Itamar Franco y Fernando Cardoso al ejecutivo, Brasil comenzó un proceso de crecimiento ininterrumpido de su PBI durante casi 22 años, con la excepción de 2009, proceso que no se detuvo por el efecto Tequila, que tampoco redujo su marcha a fines de los 90’s, aunque si aminoró, y que con la llegada de Lula se vio suplementada con una redistribución de la riqueza importantísima, que halló su frenó en 2014. Lo que en un comienzo parecía un “2009 bis”, un traspie en un camino al “primer mundo” de un país ya posicionado entre los 10 más poderosos, se transformó en una espiral que ya cuenta con una caída del PBI per cápita de un 9% en dos años.

Esta lectura que consigna la repetición de la historia que le falló a los líderes del PT en 2014 parece orientar al abroquelamiento partidario que lleva adelante el proceso de impeachment; con un ojo en el 2016 pero otro en 1992. Sin embargo, las diferencias subyacen en un país que no es el mismo que entonces, que ya no es un experimento democrático de jóvenes siete años en una región inmadura, si no que arrastra 30 años de ejercicio democrático del poder rodeado de países donde la intervención militar parece, por suerte, un mal recuerdo.

Si bien Dilma ha usado su condición de mujer como un elemento para victimizarse, flaco favor le hace al nuevo gobierno no mirarse en el espejo y observar que la percepción que arrojan es la de un club de señores de modismos señoriales, de esos que fuman habanos alejados en cuartos adornados de maderas oscuras que los mantienen silenciados del resto de una sociedad que en los últimos dos procesos electorales apoyaron a dos candidatas mujeres que sumaron prácticamente dos tercios del voto popular en la primera vuelta; Temer no ha anunciado ni mujeres ni negros en su gabinete, además de eliminar carteras ministeriales sociales.

Las reglas del juego le torcieron la muñeca a Dilma más que al PT, arrastrando a este último fuera del poder, al menos por los próximos 6 meses. Así como ellos olvidaron las lecciones de 1992, donde activamente trabajaron por el impeachment, y se enamoraron del rebote económico post-2009, este nuevo experimento gubernamental con el PMDB a la cabeza corre el peligro de cometer el mismo error y creer que viven en una serie con guiños de realidad, cuando en realidad se encierran en una fantasía que busca Volver al Futuro.

Telam

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