Diciembre 15 de 2019

Buenos Aires, Argentina

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Un paso a la derecha - Por Juan José Domínguez

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Nada es descabellado en esta época sin grises, en la que no hay posibilidad de diálogo alguna sino que es obligatorio y urgente declararse blanco o negro y ser implacable con el enemigo del día.

Macri es Gandhi al lado de Bolsonaro. O Martin Luther King o la Madre Teresa. La hipérbole es una constante en las charlas de café ante cada noticia que llega del país vecino. Y con cierta razón: el presidente argentino es un líder de centroderecha moderada, republicanista y relativamente liberal. El brasileño, un ex militar nacionalista, conservador, abiertamente misógino, homofóbico y racista, devenido en un ultraliberal en lo económico.

Siendo jefe de Gobierno porteño Macri defendió el matrimonio homosexual contra el rechazo abierto del entonces arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio; y como presidente permitió que por primera vez en la historia argentina el Congreso debatiera una ley de aborto, además de sostener e incrementar el presupuesto para ayuda social y de dejar en manos del Estado a empresas como Aerolíneas Argentinas e YPF.

Sería impensado que Bolsonaro tome decisiones de estas características. Por el contrario, está empecinado en dictar medidas opuestas.

Pero en un año que combina peligrosamente crisis económica y elecciones, el presidente argentino ya parece haber largado la campaña redefiniendo algunos aspectos de su gestión, con un endurecimiento de su política de Seguridad como principal estandarte. Y no lo hizo de casualidad.

El mundo vive una regresión conservadora, que en Sudamérica se solidifica en el ascenso de Bolsonaro. Macri aprovecha este cambio de escenario regional para dar señales tempranas de un robustecimiento en la lucha contra el delito, convirtiendo a Patricia Bullrich en su dama de hierro.

Las encuestas marcan una sorprendente imagen positiva de la ministra, a quien ya se menciona como posible compañera de fórmula de Macri, y además una aprobación mayoritaria a sus medidas y a sus propuestas. Entre ellas, el permiso para que los policías disparen sin avisar, la aceleración de la expulsión de extranjeros delincuentes, la utilización de pistolas Taser, la ley contra los barrabravas y la baja de la edad de imputabilidad.

En sus tres años en la Casa Rosada, a Macri le tocó una coexistencia tan pacífica como intrascendente con las administraciones de Dilma Rousseff, echada del Planalto el 31 de agosto de 2016, y Michel Temer, un jefe de Estado invisible.

La asunción de Bolsonaro, en cambio, lo obliga a pararse aún más a la derecha; un deslizamiento que además lo favorece, porque todo lo que contribuya a la polarización con Cristina Kirchner -considerada directamente la izquierda- será bienvenido en la Casa Rosada.

Por otra parte, aunque los funcionarios más encumbrados todavía no le atribuyan importancia a terceros como Alfredo Olmedo o a José Luis Espert, siempre existe la posibilidad de que algún Bolsonaro argentino corra por derecha a Macri y le saque unos puntos en octubre.

Nada es descabellado en esta época sin grises, en la que no hay posibilidad de diálogo alguna sino que es obligatorio y urgente declararse blanco o negro y ser implacable con el enemigo del día.

Por Juan José Domínguez - Corresponsalía Buenos Aires. Los Andes MZA

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