Junio 03 de 2020

Buenos Aires, Argentina

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Prudencia y la pandemia Por Jose Martiniano Duarte

notas de opinion

Articulo periodístico del Coronel (RE) Jose Martiniano Duarte

Quiero hacerles llegar estas líneas como especialista en estrategia y en metodología de pensamiento estratégico. Pueden decirme con toda libertad que no sé nada de medicina y pandemias. Mi interés es sólo llamar la atención sobre nuestro sistema de toma de decisiones usando esta realidad como caso testigo para, a partir de ello, extraer alguna enseñanza.


Las graves decisiones del Estado, cuando están en juego la vida, la salud y los derechos de los pueblos, deben tomarse siempre teniendo en cuenta la mayor cantidad de variables posibles; parafraseando a Karl Popper podríamos decir que la economía, la salud, la seguridad, la educación… no existen. Ocurre que en la dirección del Estado tenemos gente muy especializada y organizada y que, por eso, dividimos los temas de interés por afinidad. Un ingenioso recurso para hacer ver que todo tiene que ver con todo. La realidad es una enorme, variada y compleja, pero siempre una.


Esto está relacionado con dos factores esenciales a la hora de definir políticas: la oportunidad y la prudencia. Ambas están íntimamente relacionadas, y ambas tienen que ver con la estrategia, que es la manera como nuestra mente enfrenta el problema que le plantea el futuro y la incertidumbre que conlleva. Aquí quiero que hablemos de la última.
La prudencia, además de ser una de las virtudes cardinales del catolicismo, implica Adecuar, modificar o alterar conductas, evitando con ello perjuicios innecesarios. Es la capacidad de pensar, ante ciertos acontecimientos o actividades, sobre los riesgos y peligros posibles que acarrean… La prudencia suele asociarse con el miedo y esto no nos debe preocupar demasiado porque es el miedo, cuando no paraliza, lo que nos hace prudente. El miedo es la luz de alarma que nos permite recapacitar y, si es conveniente, cambiar el rumbo.


Para ejercer la prudencia, la información es tan necesaria como el miedo. En nuestro País existe la nociva creencia sobre que los problemas se resuelven a partir de una visión esclarecida y unilateral, y que el asesoramiento debe ser unidireccional. Esto lo hemos visto durante años de gobiernos de todas las ideologías, en los que no existió aquella sana y vieja costumbre de las reuniones de gabinete semanales o quincenales. Tal vez sea porque esto remitía a un viejo hábito militar y todo lo militar deberá ser desterrado. Ese es un axioma que en los últimos 37 años sobrevuela la política argentina. No es el único.


La realidad es un objeto muy complejo, complejísimo; tiene innumerables caras y sus ámbitos -como en la ciencia- se refieren a lo infinitamente grande como el mundo y el universo que nos rodea, lo infinitamente pequeño como es un virus, una bacteria y un átomo y lo infinitamente complejo como son las leyes que relacionan esos vastos universos.


Nuestros políticos parroquiales ayudados por algunos periodistas contagiados del peor de los virus, la ideología, se han sorprendido, criticado y hasta mofado de las decisiones de algunos mandatarios que, ignorando la demagogia, toman decisiones y asumen riesgos. Concretamente, equivocados o no, me refiero al primer ministro británico, Boris Johnson; al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump y al presidente del Brasil, Jair Bolsonaro. A grandes rasgos, las medidas que anunciaron esos mandatarios tienen que ver con una visión global del problema de la pandemia y, curiosamente, ellos que disponen de reservas enormes, incomparables con nuestras insignificantes existencias, están preocupados, además del contagio y la salud de sus conciudadanos, por la economía.


Se sorprenden también nuestros políticos que esos mandatarios hayan cambiado de opinión a medida que la crisis fue evolucionando. Tan creídos están de que cambiar de opinión es signo de debilidad.
Por un momento les pido que olvidémonos de la ideología y empecemos a pensar en términos de estrategia, porque ignorar cómo es el proceso de toma de decisiones en esos países es otro error de la política local. La prudencia exige escuchar a todos los especialistas a la hora de tomar decisiones de Estado


Tal vez un médico especialista en enfermedades contagiosas, en pandemias, le haya dicho al presidente que, ante una situación como esta, decretar una cuarentena rigurosa era lo mejor que se podía hacer. Si fue así hizo muy bien el médico, pero lo que el presidente debe conocer -porque para eso es presidente-, es que el médico no sabe nada sobre economía, seguridad, relaciones laborales y tantas otras cuestiones que hacen al manejo integral del Estado.
Un economista tal vez le hubiera dicho al presidente de la Nación que parar el País, que ya viene afrontando una crisis profunda, económica y social, iba a tener consecuencias gravísimas. Tal vez más graves que las del Covid-19.


Un especialista en leyes sociales y relaciones laborales, le hubiera advertido sobre la dificultad que tendría el gobierno para contener a la enorme cantidad de personas que dependen de la economía informal, los monotributistas, los autónomos; en suma, todos aquellos que, si no salen a la calle a hacerse la diaria, no comen y no come su familia.


Un especialista en seguridad, le habría indicado que hacer cumplir la ley -el decreto de emergencia sanitaria 260/2020), así como está redactado y dadas las actuales circunstancias del País, iba a ser, desde el punto de vista de la seguridad, incumplible en vastos sectores del País -el conurbano bonaerense, el gran Rosario, los inmensos conglomerados arrasados por la pobreza extrema del interior--. Territorios inmanejables en épocas menos duras, lugares en los que reina la ley del clientelismo más inhumano.


Un especialista en defensa nacional le hubiera expresado las dificultades que tendrían las fuerzas armadas para ser empeñadas en una emergencia tan grave sin el marco legal adecuado y reglas de empeñamiento claras. Le hubiese advertido, con toda seguridad, sobre las limitaciones que tiene la sanidad militar después de tantos años de desinversión; y le hubiese dicho que ocuparse de la emergencia del coronavirus implica descuidar otras áreas de la defensa y seguridad del País, de la amenaza del narcotráfico y el crimen organizado que no descansan.


Una estrategia busca crear el acontecimiento (el escenario) favorable en el que se podrán emplear las mejores capacidades de que se dispone. Una cuarentena absoluta que implique inmovilizar la economía del País en las actuales condiciones, a mi entender, es una pésima estrategia. Si este virus tuviera un efecto letal, de altísima mortalidad, tal vez fuera justificable.


No es verdad que este es un enemigo invisible. Cuando el virus llegó a la Argentina ya la ciencia sabía bastante sobre el mismo. Lo necesario para conocer y anticipar cuál es su índice de morbimortalidad, qué sistemas del organismo ataca y de qué manera lo hace, quiénes integran los grupos de riesgo y que sectores de la población tolerarían más la enfermedad o serían los menos afectados, cuál es la forma de contagio… en fin, los especialistas saben bastante más de ello.


Una pandemia es un problema muy grave para dejarla en manos de sanitaristas y políticos aficionados. Prudencia, es además de sentir miedo sobre los riesgos posible que conllevan las disposiciones, asegurarse de que se dispone de toda la información que se necesita para tomar decisiones gravísimas. Cuanto más variadas sean las perspectivas desde las que se estudia el problema, mayor será la posibilidad de tomar la decisión adecuada.


José Martiniano Duarte

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