Febrero 28 de 2020

Buenos Aires, Argentina

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La historia no puede convertirse en nuestro futuro por V Cordero

notas de opinion

Sabemos que hay que hacer algo, pero la fuerza de la máquina perversa puede más y a la hora de intentar cualquier posibilidad de cambio, nadie, ni un solo dirigente de todos los sectores está dispuesto a ceder ni un milímetro de terreno.

Las comparaciones son odiosas y por eso no voy a hacerlas en este texto, además cualquier comparación en este caso resultará hasta insultante para con nuestra realidad. Un país es su problemática cotidiana, sus inconvenientes y la búsqueda de sus soluciones. A esta altura del mundo, una nación que debe discutir en sus tres poderes cómo hay que hacer una factura de luz, de gas o de agua; que debe decirle a sus habitantes que los servicios aunque públicos no son gratis y que este sea en tema principal de debate nacional, está en problemas.

El periodista Marcelo Longobardi en su editorial radial de ayer dijo una frase que puede sintetizar lo que nos pasa. "La historia nos persigue y lo que es peor, nos alcanza"- y la nuestra no es una historia para copiarla- lo que hace que repitamos una y otra vez los viejos-nuevos errores, discutimos las mismas cosas y mantenemos activo a cualquier costo, un sistema de nación que ya ha dado muestras de no funcionar. No importa el signo político del que gobierne, porque cuando asumen el poder automáticamente entran en el engranaje que los obliga a gestionar algo que está mal y parece que nadie se atreve a proponer cambiarlo, terminar con esta máquina de devorar gobiernos, iniciativas, buenas ideas y gente con propuestas. Más síntomas: un puñado de falsos sindicalistas no pueden ser controlados por todo un Estado; son más los argentinos que no trabajan que los que sí lo hacen; todavía no aprendimos a sacar la basura a una hora determinada. Se gastan millones de dólares en seguir manteniendo activo una sistema económico que ya ha dado muestras de no funcionar, de estar obsoleto y lo que es peor, de atentar contra la propia felicidad de nosotros mismos.

Sabemos que hay que hacer algo, pero la fuerza de la máquina perversa puede más y a la hora de intentar cualquier posibilidad de cambio, nadie, ni un solo dirigente de todos los sectores está dispuesto a ceder ni un milímetro de terreno.

El egoísmo forma parte de nuestro estilo de vida y a la hora de ser necios vemos siempre la paja en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro. Claro que la historia nos alcanza y si seguimos así se convertirá en nuestro futuro, por lo que ya no habrá que ser adivino ni tarotista para saber qué nos va a pasar. Más síntomas: No respetamos las leyes si pueden perjudicarnos; toleramos el destrato y la falta de respeto sin alterarnos; vemos con naturalidad que una madre le pegue a una maestra porque suspendió a su hijo. Tenemos un sistema fiscal que atenta contra la producción, pagamos impuestos de impuestos y aceptamos vivir con inflación pero no queremos que suban los precios. Como se ve, querido lector, un sistema terrible que nos tritura el ánimo y nos obliga a ser tan torpes que hasta ponemos en duda la calidad de Messi, el mejor del mundo reconocido casi por unanimidad, salvo por sus compatriotas. No convoquen más acuerdos nacionales porque fracasan, porque nadie va a ser honesto y firmarán algo que unos días después negarán haber firmado o simplemente se lo pasarán por el forro. Siempre ha sido así.

Se llenan la boca hablado del modelo del Pacto de la Moncloa, pero no cuentan que los políticos de España se juramentaron salvar a un país después de décadas de dictadura y a pesar de pensar diferente, cumplieron lo firmado. Hay que convencerse que estamos obligados a cambiar, a dejar definitivamente a la historia atrás, tan atrás que nunca más nos alcance. No podemos seguir viviendo en una nación al revés donde todos trabajamos para tapar un agujero negro que nos opaca la vida desde hace ya demasiados años.

V. CORDERO

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